viernes, 20 de abril de 2018

Desposesión desde el margen en …te daré de comer como a los pájaros… de Reina María Rodríguez

por Agustín Abreu Cornelio
publicado en Tema y Variaciones de Literatura


“Me arrebatasteis mi gorrión hermoso”,[1] lloraba Cayo Valerio Catulo en uno de sus epigramas a Lesbia. Siendo el ave un símbolo del poeta en la tradición occidental, podríamos imaginar que en este verso se identifica la pérdida –y, en particular, la pérdida del canto del ave– con el origen del canto poético. En la antigua Grecia, la docilidad y aparente indefensión del gorrión eran contrastados con la potencia de su trino como un símbolo de la expresión poética surgida de la precariedad: “El gorrión te indica que es el momento de cantar tu canción”.[2] Aunque el poema de Catulo indica una afectación en el sujeto lírico, la existencia del ave misma se presenta ajena a la constitución de Yo. Caso distinto es el del libro de Reina María Rodríguez (La Habana, 1952) …te daré de comer como a los pájaros… (2000), en el que la muerte de un ave es el momento fundacional del Yo lírico, en el cual culpa y muerte se hacen propias: “mi culpa se transforma en la luz que rodea al cuerpo muerto”;[3] de manera que no hay aquí y allá, no hay distanciamiento, sino una asimilación de la muerte en el nacimiento del texto. Se trata de una radicalización de la coincidencia entre pérdida del canto y origen del canto que leíamos en el poema de Catulo, pues en el libro de la cubana no se trata de fenómenos que coincidan únicamente en el tiempo (uno como consecuencia inmediata del otro), sino que coexisten en el sujeto lírico y en su cuerpo (textual): “mi culpa despoja, actúa en el crecimiento”.[4]


Es en dicho “despojamiento” que se fundamentan las ideas vertidas en el presente ensayo: lo que se pretende es mostrar cómo la “desposesión” –en el sentido que Judith Butler y Athena Athanasiou lo discuten en su libro Dispossession–, por causa de la muerte y de la expulsión del hogar, sustenta la constitución de un Yo lírico que pone en crisis la subjetividad unitaria y soberana vinculada a una noción de propiedad –característica de la Modernidad– y, a su vez, que dicha desposesión también estaría expresada en la singular forma –o corporalidad– del texto. Una desposesión que, asimismo, participa en la conformación de la figuración de una escritora que pretende insertarse en el campo literario latinoamericano contemporáneo. Esta desposesión tiene, además, un efecto retórico que pretende afectar al lector que desarrolla una voluntad de comunión, propia de la palabra poética.
 Seguir leyendo en Tema y Variaciones de Literatura 48.

[1] Catulo, Cayo Valerio. La poesías de Cayo Valerio Catulo. México: Ignacio Escalante, 1905. p. 21.
[2] Tótem Animal. https://totemanimal.org/2013/04/24/gorrion-totem/
[3] Rodríguez, Reina María …te daré de comer como a los pájaros… La Habana: Letras Cubanas, 2000, p. 7.
[4] Ibid., p. 7.

miércoles, 21 de marzo de 2018

La chamán del rock con el poeta vidente: dos poemas de Patti Smith

Selección, traducción y presentación de Agustín Abreu Cornelio

Tal vez la imagen que muchos guardemos de Patti Smith (Chicago, 1946) sea la ceremonia del Premio Nobel que se entregaba, entre otros, a Bob Dylan: una Patti Smith incapaz de cantar las palabras de “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, pero encarnándolas, trasladando las emociones de la letra a sus propias acciones frente al rey sueco: “estaré de pie en el océano hasta que comience a hundirme / pero sabré muy bien mi canción antes de comenzar a cantarla”. Smith, como Dylan, es un referente de la porosidad de los límites entre poesía y canción: fue exaltada al Salón de la Fama del Rock & Roll y ganadora del Premio Pullitzer, incluso algunos la llaman “la poeta laureada del punk”. Pero Smith y su obra no sólo conectan distintos espacios de expresión: la sensibilidad y capacidad de proyección de Smith hicieron que William Burroughs la describiera como una chamán, “alguien en contacto con otros niveles de realidad”. No es de extrañar en sus escritos, entonces, la cercanía con los espacios oníricos o incluso intuir el uso de los “relatos de sueños” que propusiera André Breton en su primer Manifiesto Surrealista. No es de extrañar, entonces, su afecto por el “poeta vidente”, Arthur Rimbaud, quien es la figura central de los dos poemas (escritos entre 1974 y 1976) que presentamos a continuación, en los que apreciamos también el desarreglo de los sentidos, de los órdenes y de nuestra tradición cultural. En un artículo de diciembre de 2016, reflexionando sobre su “fracaso” en la entrega del Nobel, Smith exponía sus dos grandes influencias: “aunque no viví en el tiempo de Rimbaud, existí en el tiempo de Bob Dylan”.


“rimbaud muerto”

tiene treinta y siete. le cortaron la pierna. la sífilis supura. una crema de virus. un misterioso misil sobre la culata de un m-5. la víctima sufre un alma-causto. su cara estúpida y su maravillosa lengua inútil, distendida.
rimbaud. no más el amoroso joven jinete del altiplano abisinio. esa pasión queda petrificada para siempre.
su ligero miembro de madera apoyado contra la pared como un paciente soldado esperando órdenes. el amo, amputado ahora, yace y sólo yace. sorbiendo té de amapola por un popote —un sifón de opio—. una vez, lleno de maravillas, se levantó en busca ferviente de alguna aparición —algún rostro—. quizá harrar[1] un mar pesado o el querido djani abandonado en la chamuscada arena-adén.[2] rimbaud se levantó y cayó con un golpe seco. Su largo cuerpo desnudo sobre la alfombra. condenado a yacer ahí al amparo de dos mujeres apestosas a piedad. rimbaud. él que sólo veneró el control ahora gimotea y caga como un bebé con cólico.
ahora listo ahora caso perdido retozando entre cascarilla de arroz. ahora lengua poderosa ahora tonto sin poder embriagarse otra vez. se ahorra la hora del té cuando sorbe el líquido. resollando engaña al flujo sanguíneo. la conciencia lo abandona. él se ilumina se hinca escala montañas compite. ahora viajero ahora voyeur. lo percibe todo. muy sincero rema surreal. su miembro artificial levanta el espacio y lo presiona. miembro en un vacío.
¿nos llama rimbaud?
¿no está contemplando?
hay un hoyo en la pared. la huella digital de duchamp fija una fracción de luz. gradualmente vemos la cosa entera. todo se abre se desdobla como un breugal.[3] es un día festivo…
es un festín de bodas…
están asando cerdos y manzanas. el olor se eleva. es domingo es manet es picnic sobre el césped. es un momento seurat un momento de luz un momento correcto para el romance para el canotaje y para el baile.
y el miembro de rimbaud, estando sincronizado, se une al be-bop, tañe la puerta hacia el bosque a través de los árboles —raga ragtime en la hierba volcando las canastas del picnic. pasar zumbando las puertas del camposanto con una genuflexión en cada paso entonces apunta y salta sobre la escena sobre el arcoíris fuera del lienzo al espacio puro espacio— tan lejano y mustio como el querido rostro de rimbaud. un rostro vuelto incorpóreo pleno de gracia. ojos hundidos —aquellos tesoros de cobalto cerrados para siempre—.
puño apretado muñeca relajada
su pipa vencida…
afuera en el jardín los niños se reúnen.
no es un capricho. son precisamente inmaculados
tan crueles como él.
ellos cantan:
no se sacuden las piernas
ni puede coger la verga
ya no se enseñan los dientes
ni gatea ya el bebé
rimbaud rimbaud frente a la pared
frío como hielo muerto más que muerto

¡lágrimas súbitas!

Portada del libro donde fueron publicados ambos poemas sobre Rimbaud.


“sueño de rimbaud”

Soy una viuda. pudo se charleville[4] o cualquier otro lado. movimiento detrás de la cuchilla. los campos. el joven Arthur se agazapa cerca de la casa (¿roche[5]?) la bomba el pozo artesiano. lanza vidrio verde alias cristal roto. me da en el ojo.
Estoy en el segundo piso. en la habitación curo mis heridas. él entra. se apoya en el poste de la cama. sus mejillas sonrosadas. aire despectivo manos enormes. me resulta endiabladamente sensual. cómo pudo suceder esto pregunta por casualidad. demasiado casualmente. me quito la venda. revelo mi ojo un desastre sangriento; un sueño de poe. él ahoga un grito.
Lo suelto rápido e irrevocable. alguien lo hizo. tú lo hiciste. él cae postrado. solloza. abraza mis rodillas. lo tomo del cabello. tan sólo quema mis dedos. grueso fuego de zorro. suave pelo rubio. aunque con un matiz rojo inconfundible. rubedo.[6] rojo deslumbrante. cabello del Uno.
Oh jesús lo deseo. asqueroso hijo de puta. lame mi mano. yo sobria. vete pronto tu madre espera. se levanta. pero no sin mirar desde sus fríos ojos azules que destrozan. quien duda es mío. estamos en la cama. llevo un cuchillo a su lisa garganta. lo dejo caer. nos abrazamos. devoro su cuero cabelludo. grasa de piojos como pulgares infantiles. piojos el caviar del cráneo.
Oh arthur arthur. estamos en abisinia adén. hacer el amor fumar cigarros. besarnos. pero es mucho más. azur. estanque azul. lago encerado. telescopio de sensaciones, animado. golfo cristalino. bolas de cristal de colores explotando. costura de tienda bereber desgarrándose. apertura, abierto como una cueva, aún más ancho. total rendición.



[1] Ciudad etíope.
[2] Adén fue una colonia británica, de 1937 a 1963, en territorio del actual Yemén.
[3] Tal vez sea una transcripción fonética de Bruegel.
[4] Pueblo en el que Arthur Rimbaud nació.
[5] Ubicación de la granja familiar en cuyo entorno Rimbaud siempre encontró reposo.
[6] Color rojizo de gran estima para los alquimistas que lo vinculaban con el éxito de la transmutación de los metales y con la piedra filosofal.

martes, 30 de enero de 2018

Dos poemas de Jaime Sáenz

La partida 


Por tu modo de morir, por ese modo de conocer yo adiviné,
viajabas en la antigüedad.
Tus ojos miraban mi manera de vivir, mi manera de ser,
tí sabías estas cosas.
Un abandono misterioso, un permanente silencio.
Unos latidos en la lluvia y tú,
en esta húmeda oscuridad, y también mis huesos,
yo siento la pena infinita con que me van a dejar.
Te lo ruego:
cuando mires no me mires.




Una piedra


Buscaré en el confín del horizonte, en la oscuridad del recuerdo y más allá de él,
alguna presencia oculta en mi presencia
--buscaré más allá del miedo y del olvido, y me iré de mí.

Buscaré un tú en algún yo, un mí en algún tú, una piedra.
El que yo no esté importa poco.
Allá me quedaré.




lunes, 15 de enero de 2018

De “Clube da poetisa morta”

de Adília Lopes


Clarisse Lispector,
a senhora não devia
ter-se esquecido
de dar de comer aos peixes
andar entretida
a escrever um texto
não é desculpa
entre um peixe vivo
e um texto
escolhe-se sempre o peixe
vão-se os textos
fiquem os peixes
como disse Santo António
aos textos

Do outro lado da ponte
está um monte
e do outro lado
do monte
está uma fonte

A vida, Augusto Comte, é um mar de miosótis

a vida é andar para cá e para lá


lunes, 27 de noviembre de 2017

Un cuerpo simulado, una escritura errante: Poemas de Isabel de Sá

Selección, traducción y presentación de Agustín Abreu Cornelio

Isabel de Sá (Esmoriz, Portugal, 1951), en sus facetas de poeta y de artista plástica, es autora de una obra caracterizada por la convivencia de infancia y decrepitud, de muerte y erotismo; poesía aporética que no evade el conflicto, la crisis, sino que sienta en ella sus mejores logros. Por lo anterior, su enunciante lírico suele difractarse o fluctuar entre distintos géneros, y su expresión goza lo mismo ante lo hermoso que ante lo horrible. En estos sentidos es posible emparentarla, por un lado, con la concepción de Georges Bataille sobre el erotismo y, por otro, con la exuberancia lírica de la poeta uruguaya Marosa di Giorgio. Su trayectoria literaria inició con la publicación de Esquizo Frenia (1979) e incluye otros quince títulos; Repetir o poema (2005), de donde extraemos los siguientes textos, agrupa los libros anteriores a 1999.



De Esquizo Frenia (1979)

Fui a la calle a buscar la muerte que andaba por las paredes trastornada como un perro rabioso. Le ofrecí el brazo, la traje conmigo, la hice mi amante. Nos acostamos en un lecho de lino y en secreto me habló por días sobre su infancia, la soledad bajo la tierra, el amor por la naturaleza. Me explicó cómo acariciaba a los bichos comedores de cadáveres y de su alegría maliciosa.
La muerte cobró mucha importancia para mí. Comencé a vestirla de ropas albas, coserle flores al cráneo, amando su cara lívida, iniciándola en una sensualidad sin fin.
Entonces, una mañana la Muerte sonrió mostrando en los labios su carácter perfecto, exento de mezquindad; me besó la boca, las piernas, el corazón. Me perturbó.
En mi interior países hervían, millones de rostros voltearon hacia la luz:
todo era claro como nunca sucediera.

Comenzaba otra vida: se dio la iluminación.


"Qué conversación más aborrecida", página 281 del Libro de artista (2013).


De En nombre del cuerpo (1986)

“La palabra”
Encontrar la palabra exacta que defina mi amor por ella. Palabra extraña al formalismo, próxima al encantamiento. Gastar la sílaba como se gasta la faz en plena fatiga, iniciar la fuga al sufrimiento, a la incertidumbre. Estremecerse al primer contacto —a ese lenguaje paradisiaco del instante: el brazo que se extiende a lo largo del espaldar de un sofá y toca, por inadvertencia, mi hombro; el dedo que cierra un pacto con mi piel y me perturba. Pormenores mínimos, como por acaso, una sonrisa, establecen la complicidad entre nosotros. Yo, ella, apenas dos cuerpos.


“Pacto”
La mirada me hablaba de un pacto, esa locura. La muchacha tenía cabellos negros, el pájaro se hacía eterno sobre el mármol. Inevitable la angustia de la infancia, otrora expiada y gélida. Pero, si el abismo volviera, nada podría moverlo de aquel instante de espejos donde la revelación se despedazaba. El susto como emoción primera. El muro blanco volvía a la página, incluso el niño rubio. Un punto luminoso en el paisaje.
Una adolescencia mortífera arrancaría a la vida del tedio insoportable. Volvería la locura, mano de lodo estrujado contra mi cara. De largos cabellos oscuros, la muchacha perseguía la pasión a través de mi piel. Su boca bellísima.





De Escribo para desistir (1988)

Soy apenas esto: un cuerpo que simula, un mirar errante. Soy la figura a quien le está permitido observar la representación de los demás. Mi cuerpo fue siempre quebradizo pero el alma nunca fue frágil. Permaneció como granito sobre arena sintiendo el embate de la marea. La erosión produjo sus efectos, alisó las aristas, pero todo quedó intacto en el interior. Lo que hoy es turbulencia ha de ser todo o nada, no depende de mí.

“Nuestro amor deshace el trío”
Recordarte, es amar los cuerpos que compartimos. Lo que me atrae de ti pertenece a la sabiduría del texto, a la primera palabra murmurada. Lo que me atrae del amor es la indeterminación, el impulso inicial. Los rostros que amé en tu ausencia fueron tocados por ti a través de mi piel. Nadie puede esclarecer su alma al margen de este pacto. Nuestro amor deshace el trío.
Es en la tiniebla que me obligo a reconocer lo que escribo. Sucumbo a una grave abstracción de pensamiento donde llego a salir tocada por la invocación de la palabra.


"La vida en movimiento" (2013)

De Poetas suicidas (1990)

“Poetas suicidas”
A partir de hoy
pondré en un cartapacio
los recortes sobre poetas
suicidas, como éste que habla
de Cesare Pavese. La muerte en un hotel,
de ese modo provocada, me parece frívola.
Ya sé que su cadáver
no quedó en el olvido.
Y esto me recuerda un personaje
de Peter Handke que dice
citar a una señora
para que al morir no pase mucho tiempo
sin dársele por muerto.

Tras el almuerzo, después del café,
miro tu cuerpo perfecto y pequeño,
tu rostro, tu sonrisa.
Y en el espejo veo las palabras
del suicida:
“Además, en los rostros, toda la gente

ya comenzó a morir.”

domingo, 12 de noviembre de 2017

Algunas Cartas revolucionarias de Diane di Prima

Selección, traducción y presentación de Agustín Abreu Cornelio

Como el resto de poetas beat, Diane di Prima (Nueva York, 1934) politizó su expresión en términos de clase y de raza, pero también asumió una preocupación de género que parecían no compartir otros miembros del grupo como Kerouac o William Burroughs. En Revolutionary Letters (1971) como en el posterior Loba (1978), Di Prima aborda el sujeto poético desde un punto que pretendía desarticular las jerarquías: los estados alterados de conciencia y la experimentación erótica problematizaban las fronteras entre el Yo y lo Otro, abogando por una comunidad más inclusiva y políticamente activa. Dada la crítica circunstancia de la política estadounidense actual, se impone una revisión de aquellos autores que, como di Prima, desde el pacifismo, el feminismo, el black power, la contracultura, hicieron tambalear al discurso de distintos órdenes de gobierno hace cincuenta años. 

Alice Simkins escribió un breve y sentido artículo sobre ella y su legado, el cual puede consultarse aquí.
La colección completa de Revolutionary Poems puede leerse en inglés en la Biblioteca del Anarquista.


En una lectura en el Gas Light Cafe, de Nueva York, en 1969.


 “Carta revolucionaria #1”

apenas me doy cuenta que la inversión es en mí misma
no tengo otro
dinero para rescate, nada que canjear u ofrecer salvo mi vida
mi espíritu racionado, en trozos, esparcido sobre
la mesa de la ruleta, recobro lo que puedo
nada más que meter bajo las narices del maître de jeu
nada que lanzar por la ventana, ni bandera blanca
esta carne, toda la que tengo para ofrecer, hacerle el juego a
esta cabeza contigua, lo que de ella surge, mi movida
al escurrirnos sobre el tablero, siempre pisando
(esperamos) entre las líneas



“Carta revolucionaria #2”

el valor de la vida individual el credo que nos enseñaron
para inspirar miedo e inacción, “sólo se vive una vez”
una cortina de humo, somos
interminables como el mar, no separados, morimos
un millón de veces al día, nacemos
un millón de veces, en cada aliento vida y muerte:
levántate, ponte los zapatos, comienza
alguien terminará

Tribu
un organismo, una carne, alentando júbilo como las estrellas
alentando en nosotros un destino, avanzar
unir las manos, ir al negocio, miles de hijos
lo verán cuando caigas, crecerás
mil veces en los vientres de tus hermanas




“Carta revolucionaria #3”

almacena agua; deja claro tu punto al llenar la tina de baño
con el primer indicio de problemas: ellos apagaron el agua corriente
en el 4º distrito por todo un día durante los disturbios de Newark;
o aún mejor hazte el hábito
de mantener la tina limpia y llena cuando no se use
cámbiala una vez al día, debe estar en condiciones
para lavar, descargar los excusados cuando sea necesario
y cocinar, si no hubiese más remedio, pero es buena idea
mantener a la mano también agua embotellada
consigue un par de jarras de cinco galones y tenlas llenas
para cocinar

almacena comida; cosas secas como arroz y frijol se guardan mejor
duran más. SAL MUY IMPORTANTE: restablece
salud y energía también, ten al alcance un par
de libras de sal de mar y, porque estamos mimados, algunas latas
de atún, etc. para sostener la moral, sostener el sentido
de la ‘dieta balanceada’, la ‘ingesta de proteínas, recuerda
las tiendas pueden estar cerradas algún tiempo, los camiones
pueden no llegar a tu distrito por semanas, puedes sobrellevarlo indefinidamente
con 20 libras de arroz integral
20 libras de harina integral
10 libras de fécula de maíz
10libras de alubias o soya
5 libras de sal de mar
2 litros de aceite
fruta seca y nueces
agrega nutrientes y una sensación de lujo
a esta dieta, un calabacín o un coco
en un lugar fresco de tu piso durará seis meses

recuerda que todos nosotros solemos comer menos
que el ‘americano promedio’ y llévalo con calma
antes de que nos demos
cuenta de nuestra hambre el resto estará desfalleciendo
acostumbrados como están a la carne y la leche fresca diariamente
y la ayuda llegará, hasta el día en que no llegue ayuda
y entonces te encuentres solo

acumula cerillos, ya que no somos buenos
en eso de frotar un palo con otro
la yesca es útil, si sabes usarla
no cuentes con estufa de gas, calentador de gas
luz eléctrica
ten una parrilla y carbón, ENCENDEDOR DE CARBÓN una ayuda
lámparas de queroseno y velas, aprende a mantenerte caliente
con tu aliento
recuerda el bendito hábito americano de amontonarse


Con el poeta Amiri Baraka en 1960.


“Carta revolucionaria #4”

Que sea la propia gente
quien se deje crecer el pelo.
Que sean ellos quienes
se quiten los zapatos.
Que sean ellos quienes hagan el amor
duerman tranquilos
compartan cobijas, yerba e hijos
ellos no son flojos o temerosos
siembran plantas, sonríen
platican entre ellos. La palabra
les llegará: un toque de amor,
en el cerebro, el oído.

Regresamos con el mar, las mareas
regresamos tanto como nos vamos, numerosos
como la hierba, amables, insistentes, recordamos
el camino, nuestros bebés

se tambalean descalzos a través de las ciudades del universo

lunes, 23 de octubre de 2017

Infancia de William Blake

(Fragmentos)
de Heberto Padilla

VI
Te decían:
Los niños como tú, William,
serán negados por el ángel;
blasfemas, robas en la despensa;
tienes la cara sucia;
andas siempre con claves
y grabados
y láminas…

Tú, arqueado el cuerpo, sonreías.

¡Ay, Blake, el siglo veinte
no es un simple grabado
en que batallan el arcángel y el diablo!
Es esta trampa
en que luchamos, es esta lluvia
que nos ciega. Han arrasado las despensas
y no hay señales
ni claves
que no pueda entender
el Ministerio de Guerra.

Entra, aún estamos en vela.

Cualquier día
me gritan a la puerta:
“Un hombre con paraguas, mi señor.”

(No puedes conocerlo. Es de esta época.)

Cualquier día
penetran en mi cuarto.
“Mostró insignias, señor.”

Cualquier día
me obligan a salir a la calle,
me apalean; me lanzan como a una rata
en cualquier parte.

(Tú no puedes saberlo. Es de esta época.)

Contra mí testifica un inspector de herejías.

Heberto Padilla y Roque Dalton en Cuba. Foto de Wikipedia.



VII

Esta noche
me basta tu silenciosa presencia.
En mi cabeza turbada
tu poesía alumbra mejor que una lámpara
sobre mis círculos de miedo.

No me distraigo.
Tengo los ojos fijos en la ventana.
Pasan camiones con soldados,
gentes de las líneas de fuego.

En mi casa resuenan las consignas violentas.


VIII

La vieja profecía
que no te pertenece, extiende
como el agua
tus dominios.
Y ese viento te borra,
ese camino que debes proseguir
guarda un instante
tu desdicha;
esas bestias enanas
soportan equipajes de usureros.

Delante
de tus ojos el mundo
exasperado resplandece.

¡Alegría!
Se han perdido
todas las llaves, todas
las puertas se han cerrado,
y las flores anoche
se cubrieron
de un rocío de vasta anunciación.
Los árboles voraces,
las flores venenosas
mueren al fondo de la verja,
entre animales temibles.

Y aquí, William, te han puesto.
Aquí la vida te edifica;
hay algo aquí, nocturno,
que quieres descifrar para
mis ojos: símbolos,
dones tuyos
brillando en lo desposeído.

Tu hogar
es este mundo de bandidos
colocado en el centro de los árboles.
Las tablas húmedas
de que están hechas nuestras casas,
son el olor tormentoso
de tu alma.
¡Alumbra, Blake, esta sencilla

majestad!


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