viernes, 15 de mayo de 2009

Emir Kusturica y el cine del este lado

Por Agustín Abreu Cornelio

(Publicado en Solar de Cultura)


Es la Guerra de los Balcanes. Marko y su esposa Natalia intentan cerrar un trato para la venta de armamento cuando son alcanzados por la línea de batalla. En ese momento Iván, hermano menor de Marko, a quien no ve desde hace varios años, los reconoce y acomete a bastonazos hasta dejarlos moribundos. Enseguida un miliciano bajo las órdenes de Blaky, antiguo camarada y mejor amigo de Marko, recibe la orden de prender fuego a los cadáveres de los vende patrias. La silla de ruedas eléctrica, en la cual Marko está postrado con Natalia sentada en sus piernas, y las llamas cobrando altura, gira alrededor de cristo que cuelga de cabeza y del brocal de un pozo.

La escena antes descrita es una de las últimas de Underground: Había una vez un país, del director bosnio Emir Kusturica. No hace falta recalcar en la carga de violencia física y verbal que hay en ella, pero sí hacer hincapié en la rudeza simbólica que se inflige a las etnias balcánicas, a la historia yugoslava y a la tradición política occidental (desde Roma hasta los republicanos estadounidenses). Marko, uno de los protagonistas de esta película, ante la circunstancia bélica de la invasión nazi a Belgrado, “refugia” a un grupo de yugoslavos en un sótano; sin embargo, esta acción pervierte su objetivo y, con el tiempo, se convierte en una fábrica clandestina de armamento enriqueciendo a Marko, quien además ha escalado en la estructura política hasta ser un colaborador cercano al dictador Tito; fábrica eficiente al grado de construir un tanque de guerra que mostrará nuevamente la luz del sol a los subterráneos.

Marko, para entonces, ha perfeccionado el arte de la manipulación y el engaño, ha construido una “ilusión necesaria”, tal como las nombra Noam Chomsky, mediante la cual persuade a los “refugiados” de la conveniencia de mantenerse en el subsuelo, en vez de participar en la realidad que acontece en la superficie. Blaky, Iván y otros muchos personajes (algunos de ellos nunca han visto la luz del sol) se forman una imagen de la realidad por intermediación de Marko, quien se ha adueñado del discurso de la misma manera que lo hacen los poderes fácticos de nuestra realidad, tales como los medios de comunicación masiva, quienes manipulan la información con la pretensión de mantener cierta hegemonía y disuadirnos de participar en la realidad de manera directa.

Emir Kusturica es un multipremiado cineasta, nacido en 1954 en la ex Yugoslavia, que se vale del humor y la alienación, para vapulear a los espectadores y a su entorno. Una constante en su ya prolífica carrera es el uso del folclor balcánico: música, historia, dispersión de símbolos de referente regional, la casi omnipresente gitanería. En ese sentido, es una obra que debe contextualizarse en eso que los occidentales, con su carga de discriminación, llamamos Europa del Este. Pero también es una obra de este lado, del nuestro, pues el carácter fársico de sus filmes exige la complicidad entre espectador y personajes, entre acción y crítica, entre el silencio y la denuncia en su modalidad de música punk-folclórica (The No Somoking Orchestra es ya un paradigma en la música contemporánea).

Otro filme de Kusturica, Gato negro, gato blanco, nos hace ver que la unidad nacional de los gitanos, con todos sus prejuicios y virtudes, ha logrado adaptarse a la sociedad moderna “hasta el inicio de una bonita amistad” (frase de Humphrey Bogart que repite constantemente uno de los personajes) con los nuevos vicios y el poderío económico de la ilegalidad. Circunstancia con la cual México está tan emparentado; pues en el norte, sur y ombligo de nuestro país observamos a delincuentes convertidos en autoridad económica, política y moral.

En pleno goce de la cinematografía de Kusturica, halándola para mi lado, me permito recomendar, además de las películas ya mencionadas, el video de The No Smoking Orchestra “Unza unza time” que puede consultarse en YouTube, el cual proporciona una excelente degustación de la estética del cineasta bosnio.

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