martes, 16 de agosto de 2011

Teódoto

por Constantino Cavafis

Si te consideras realmente entre los elegidos,
¡ten cuidado del modo en que triunfes!
Si hasta en las ciudades de Italia y Tesalia
resuenan tus proezas,
si tus admiradores en Roma
te conceden nuevos honores,
toda tu alegría y tu orgullo se desplomarán
y no te sentirás del todo un gran hombre
(y por otra parte, ¿de qué grandeza se trata?)
cuando en Alejandría, Teódoto
te lleve sobre un trapo sangrante
la cabeza del infeliz Pompeyo.

Y no creas que tu estrecha vida,
menguada y ordinaria, deja de ofrecer
algunas terribles peripecias:
tal vez, en este momento,
en casa de uno de tus vecinos,
en una mansión no menos
bien dispuesta que la tuya,
invisible, inmaterial
Teódoto entre llevando
una cabeza cortada.
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