Como el hálito de una azucena hervida recorro mi nombre. Estas palabras son un lienzo de Hieronymus Bosch: bajo la tilde salta un monstruo o una doncella violada, entre las pátinas se cultiva un jardín terrible, aunque en las cúspides iniciales la luminosidad era esperanzadora.
Llevo en mí la humedad y el calor. Ya me pienso una infusión reconfortante cuando las luces se apagan y quedo color no visto, aroma herido y amargura evaporada.
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