martes, 16 de agosto de 2011

Teódoto

por Constantino Cavafis

Si te consideras realmente entre los elegidos,
¡ten cuidado del modo en que triunfes!
Si hasta en las ciudades de Italia y Tesalia
resuenan tus proezas,
si tus admiradores en Roma
te conceden nuevos honores,
toda tu alegría y tu orgullo se desplomarán
y no te sentirás del todo un gran hombre
(y por otra parte, ¿de qué grandeza se trata?)
cuando en Alejandría, Teódoto
te lleve sobre un trapo sangrante
la cabeza del infeliz Pompeyo.

Y no creas que tu estrecha vida,
menguada y ordinaria, deja de ofrecer
algunas terribles peripecias:
tal vez, en este momento,
en casa de uno de tus vecinos,
en una mansión no menos
bien dispuesta que la tuya,
invisible, inmaterial
Teódoto entre llevando
una cabeza cortada.

sábado, 6 de agosto de 2011

La hostia que lo borra


por Daniel Bencomo

El tigre ya no está, sordo canal de negra miel lo abate. Se abre el no existir dentro de sí, fragmento del monzón sin equilibrio. La nube su reflejo sostiene: máquina de aceite sin volver el camino, filón de precipicio. Lo carcome algo mayor allá de sus pupilas, hecho mar en brama su canino, adentro a lo Jonás le escurre vida. Otro espectro, huella múltiple, despliegue del desastre. Caminan sobre él, bajo él, entre la luz arañada de su cuerpo, por el ácido coloquio de su celo. Alteran su muerte, lo desnudan de materia, el tigre ya no está y la hostia que lo borra es un dragón de hormigas. La gente en Bombay acelera los laúdes, lame el hueco del estío y en la televisión naufraga. El tigre ya no está: su muerte eriza la espalda de los ríos, mientras lo llevan silencioso a la panza de la nada.

jueves, 28 de julio de 2011

Las piernas de Hammelin


por Héctor Carreto

I

Cierto día la secretaria fue sin medias al trabajo.
Esto les produjo ceguera a los guardianes
y júbilo a los pájaros,
que cantaron con fuerza.
El jefe enloqueció, no creyó tener enfrente
un imperio de piel sobre dos zapatillas:
qué decir del brillo que despierta ese paisaje,
qué decir del pie,
piel metida en otra piel.
El intendente, espuma en los labios,
no volvió a salir del baño
y las otras secretarias, boquiabiertas,
se volvieron fruta amarga
y perdieron dientes, labios masculinos.

II

Ardió Roma:
a la oficina la transformaron
en un manojo de ratones alelados.
¿Magia negra?, ¿magia verde?
La blusa de siempre, la falda de siempre,
los tacones de siempre.
Entonces, ¿por qué vino
sin medias?, ¿las olvidó?, ¿lo hizo adrede?
(Ella sonríe;
como no sabiendo del asunto;
sus piernas, sin embargo, siguen frotando el aire
hasta encender el edificio.)

III

En fin, sólo faltó en esta historia
el príncipe azul que le pidiera la mano,
perdón,
el pie.

sábado, 23 de julio de 2011

Soledad al cubo, de Francisco Hernández

por Agustín Abreu Cornelio
Publicado en Rio Grande Review

Francisco Hernández (1946) es heredero de una tradición que, si bien tiene un mítico origen en el ditirambo griego, ha alcanzado sus cumbres en la época moderna con Novalis, Rimbaud, Pessoa, Antonio Machado y otros en quienes el yo multiplicó sus entidades enunciativas como una alternativa a la realidad. No es Dionisos el que habla en estos poetas, sino la neurosis asumida como una posición estética que invita a la fragmentación del mundo, de la verdad, del ser en múltiples faces que puede plasmarse como lo hicieron los cubistas –corriente favorable, pues Soledad al cubo (Colibrí, 2001) es el poemario que incita estas líneas.

Un aforismo tatuado en Francisco Hernández: “Poesía: lo cura”, sintetiza la anomalía social y psicológica (lo-cura), con el rol de un lenguaje capaz de transformar el mundo, a veces por simple contigüidad (“Enciendo una vela y ella la apaga. Lo líquido del humo llega hasta el piso.”) o mediante la reiteración de imágenes. Así el tiempo, en Soledad al cubo, delata la fugacidad del yo impelido hacia el otro/a: “El tiempo daría su vida por convertirse en espejo” o “(…) donde la única eternidad / es la hembra ausente”. De Ellasólo permanecen huellas amenazadas por el olvido (la marca del bilé en una taza, una carta suicida) que acentúan el fracaso de la relación, lo cual se expresa en los títulos de las partes primera (Al garete) y última, que da nombre al libro.


Leer más en: http://riograndereview.com/spring-2011/rgr-online-2011/resenas/soledad-al-cubo-francisco-hernandez-colibri-2001/


martes, 28 de junio de 2011

Careta (II)

por Félix de Azúa

Head of the plaster effigy of Jeremy Bentham, constructed around his skeleton and dressed in his clothes, which is kept in the South Cloister of University College, London.

Y en efecto: ahí está el noble Bentham.
Su sombrero de paja.
La chorrera de plisado encaje, unos cabellos blancos
rozan el cuello de la camisola.

Muy parecido a Franklin, de perfil.

Ahí está su esqueleto revestido de una carne postiza
que nada tiene que envidiar a su carne real.
Sobre todo si pensamos que la carne de Jeremy Bentham
debe, en este momento, taponar una barrica de whisky.

Un hombre satisfecho de sí mismo y que legó su cuerpo
por propia voluntad (by his will) a esta Universidad.
Menospreciaba la religión y la poesía (misrepresentations,
decía, inclinando su cabeza bondadosa).

¿Y esta inmortalidad, digo?
Así fueron los racionalistas, así fueron los materialistas.

Nos legaron fantasmas como éste: cadáveres vivientes
recluidos en el siniestro claustro de un colegio británico.

Otros, más exaltados,
permitieron que su cuerpo siguiera el camino prescrito
y decían: Nuestras extravagantes opiniones metafísicas;
baratijas colgadas del cabezal de un lecho,
donde agoniza un niño mortalmente enfermo.


viernes, 15 de abril de 2011

Poética

por Heberto Padilla

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.


lunes, 21 de marzo de 2011

The Vampire

Un poema popular griego, cuyo origen se remonta a la época post bizantina, que muestra cómo era entendida en su origen la figura del vampiro. Entre las coincidencias con creaciones posteriores, vale destacar la figura de la novia y la promesa por cumplir, que aparecen en poemas como "La novia de Corinto", de Goethe. También es importante el entorno en el cual se ambienta el poema, las grandes plagas que asolaron Europa durante la Edad Media, las cuales, suele decirse, abonaron las leyendas vampirescas de los muertos en vida (se cuenta que aquellos moribundos, enterrados aún con vida, se arañaban y arrancaban el cabello en el punto culminante de la asfixia).
(La traducción al inglés es de Rae Dalven.)


Mother with your nine sons and your only daughter,
your daughter dear, and only, and much beloved,
twelve years you had her and the sun never saw her;
you washed her in the sahdow, you combed her in the dark,
by evening star and morning star you curled her hair.
When form Babylon they brought you marriage offers
to marry her afar, in very distant foreign lands...
Eight brothers were against it, but Constantine agreed:
"Give her in marriage, Mother, let Arete go to foreign lands.
Then when to foreign lands I travel, to foreigns lands I go,
I will find refuge, a little house to stay."
"Constantine you are a wise, but now your words are foolish,
for if death, my son, should visit me, or wasting disease,
sorrow or joy should come, who will bring her home?"
God he made his guaranto, the saints his witnesses,
if death or illness should befall,
come weal or woe, he'd bring her home.

And when in a foreign land Arete was wedded
a lean year came and angry months,
and plague followed and the nine brothers died.
The mother found herself alone, a single stalk in the field.
Over the eight graves she beat her breast, she mourned,
at the grave of Constantine she lifted the tombstone:
"Constantine arise! I must have my Arete!...
God you made your guarantor, the saints your witnesses,
come weal or woe, you would bring her home."
Her prayer raised him from the coffin!
He made the clouds his horse, the stars his bladric,
the mood his companion, and he went to bring her:
"Come, my little Arete, for our mother needs you."
"Woe is me, brother dear, why at this hour!
If it is for joy, I shall wear my gold,
and if it is for sorrow, tell me, and I will come as I am."
"Come, my little Arete, come as you are."...
On the road they traveled, the road they walked,
they heard birds singing, they heard birds saying:
"How strange to see a dead man lead a fair live maid!"
"Hearken, my Constantine, to what the birds are saying:
'How strange to see a dead man lead a fair live maid!'"
"They are witless birds, let them chatter,
they are foolish birds, let them talk."
And as they go farther, other birds took up the cry:
"What do we birds see to our sorrow!
the linving walking hand in hand with the dead!"
"Do you hear, my Constantine, what the birds are saying?
'How the living are walking hand in hand with the dead!'"
"They are fledglings, let them chatter,
they are fledglings, let them prate."
"O brother dear, you freighten me, your breath is incense -laden!"
"Last night when we went to the church of St. John,
the priest sprinkle incense with liberal hands..."
And as they went farther, other birds took up the cry:
"Almighty God, what wonders you endlessly perform,
to let a dead man lead such a fair and graceful girl!"
Once more Arete heard it and her spirits sank:
"Do you hear, my Constantine, what the birds are saying?
Tell me, where is your hair, your manly moustache?"
"I suffered from a fever, that brought me close to death,
my blonde hair fell out and my manly moustache."

They found the house locked, securely bolted,
and the windows of the house thick with cobwebs:
"Unbar the door, dear Mother, your Arete is here!"
"Go if you are Death, I have no sons for you,
and Arete dwells afar in a land of strangers."
"Unbar the door, dear Mother, it is I, your Constantine.
God I made my guarantor, the saints my witnesses,
come weal or woe, I'd lead her back to you!"...
Before she could unbar the door, Death had stepped inside.

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