sábado, 23 de febrero de 2008

Los humedales y lo absurdo

Entrevista con Karla Marrufo

(publicada el 14 de septiembre de 2007 en Por Esto!)
Por Agustín Abreu Cornelio


Entrar en las letras de Karla Marrufo Huchim requiere valentía y disposición para advertir que la realidad no es tierra firme, sino una masa líquida que nos seduce a la vez que nos ahoga. Karla es una joven escritora, licenciada en Letras Hispánicas (Universidad Modelo), con una trayectoria literaria que se augura larga, pues en su brevedad ya cuenta con publicaciones y premios importantes. Actualmente radica en Xalapa, Veracruz, donde cursa la maestría en Literatura Mexicana. Es coautora del poemario El éter de las esferas, publicado por el ayuntamiento de Mérida, y en días próximos recibirá el premio de la categoría de dramaturgia que, en el marco de la Bienal de Literatura, le concedió el Instituto de Cultura de Yucatán por su obra Lluvia para siete insomnes.
Me valí de la amistad que nos han dejado las mesas de Marsias y los pasillos de la universidad para concertar esta entrevista, y también de mis ansias de lector. Pese a mi retraso la encontré dispuesta detrás de una taza de café, de sus lentes y de la sonrisa.

–En una sociedad como la mexicana donde no es común la afición por la letra escrita, ¿por qué decidir leer literatura? ¿Por qué estudiar literatura? ¿Por qué hacer literatura?
–Precisamente porque se lee tan poco. La literatura es una forma de romper con lo común, de buscar otras alternativas a lo patético, trivial, triste de la realidad en que todo se maneja desde los cotos de poder. A través de la literatura se puede llegar a tener una visión crítica de lo que sucede a nuestro alrededor. Esto en cuanto a la lectura.
Hacer literatura, por otro lado, es una forma de decir que no se está de acuerdo; una forma muy personal de decir que no me parece que las cosas sean así. No creo en la política, las leyes me parecen una manifestación de lo primitivos que somos. Pero la literatura es una posibilidad para reivindicarnos.

–Te desenvuelves con soltura en casi todos los géneros: poesía, cuento, teatro, ensayo, también has hecho periodismo cultural; en ello me parece ver un loable intento por profesionalizar la literatura, ¿crees que es una meta alcanzable a corto o mediano plazo?
–Retomando el hecho de que todo está mal, resulta complicado conseguirlo; en mis sueños planeo algún día lograrlo. Actualmente no se vive de escribir, para hacerlo hay que escribir best sellers, y esas son obras con las que no estoy de acuerdo. Me gustaría vivir de la promoción cultural: lecturas, recitales, exposiciones, incluso el teatro, al que veo como una manera de acercar a la gente a la lectura.

–Es en poesía y en dramaturgia donde has cosechado mejores resultados; ¿esto se debe a que sientes preferencia por ellos, te resulta más sencillo expresarte en estos géneros o simplemente les has dedicado mayor tiempo?
–En buena medida se debe a que les he dedicado más tiempo. Regularmente, de lo que escribes escondes unas cosas, rompes otras, y lo que va quedando es lo que busco publicar. Es en los géneros que mencionas donde los textos han sobrevivido a los filtros, y también en cuento.

–¿Ves alguna afinidad entre poesía, cuento y teatro como géneros?
–Tienen mucha afinidad. Me acuerdo que José Ramón (Enríquez) –a quien debo mucho en mi acercamiento al teatro– afirmaba que este género es el punto donde todos los demás convergen. En sus clases conocí a (Federico García) Lorca y (Ramón del) Valle Inclán, en quienes se une la poesía a la narración; en este último tienes a un estilista del lenguaje, un poeta que también creaba historias dramáticas y crueles. En el teatro puedes encontrar literatura, pintura, escultura, danza, música, etcétera. Precisamente Lluvia para siete insomnes era inicialmente un libro de cuentos, historias individuales que se entrecruzaban.

–A la par de tus estudios en Letras Hispánicas te integraste al grupo Marsias, ¿de qué manera contribuyó esta experiencia en tu formación literaria?
–Por una parte fue importante el intercambio de ideas, opiniones y perspectivas; yo necesito estar escuchando otras voces. Desde las simples recomendaciones, conocer nombres nuevos: luego, si ves un libro que José o alguien del grupo había recomendado, lo compras porque sabes que vale la pena. Y también el ejercicio de creación, pues continuamente estás llevando textos al café. El ejercicio de análisis, de crítica y la actitud para recibirla y también aprender a responder a ella. Aunque sólo trabajamos poesía en aquel entonces, me sirvió mucho.
Además la influencia de José (Díaz Cervera) es importante, como poeta de muchos años que conoce el oficio y también como lector –pude acceder a su biblioteca y a sus fotocopias, pues muchos libros no se consiguen.

Karla Marrufo posee una personalidad que se complementa muy bien con su obra escrita. Esta última cargada de símbolos y donde la metáfora se vuelve una tortuosa realidad; pero en el lugar que ocupa frente al entrevistador se esmera en clarificar sus concepciones, como si toda ella fuera sus lentes y las palabras se fundieran con su mirada.

–Como parte de Marsias, fuiste incluida en El éter de las esferas: “La piel anegada” es la serie de tu autoría. En ella leo de un ímpetu que busca desbordar los límites que lo contienen, anteponer el fuego contra el agua, aunque al final todo se condensa en una memoria del intento. ¿Esta visión un tanto pesimista es la que conservas en tu cotidianeidad?
–Más que pesimista es una visión realista. Sí la conservo en el sentido de que te levantas como Mafalda, con tus patitas colgando de la cama, y te preparas a enfrentarte a un mundo que no entiendes. El mundo es como ese recuerdo de lo que nunca pasó; pero esa memoria del intento, esa nostalgia, es algo que merece regocijo puesto que es una experiencia de la que se aprende mucho. José Ramón Enríquez decía que al hacer un “zopiloteo” por la historia te das cuenta de que en los momentos de crisis de los países es cuando se hace mejor literatura; y en los periodos apacibles y tranquilos la literatura decae. ¿Será que necesitamos guerras mundiales, SIDA, pobreza, hambre, etc. para crear? Creo que uno tiene que aprovechar lo que está a la mano para crear, aunque esto sea muy triste; un poco a la (Samuel) Beckett –aunque ni Beckett era tan beckettiano– como estar siempre esperando que algo pase.

–En “La piel anegada” me llama la atención el empleo del simbolismo erótico para representar la opresión espacial (la piel, el interior de la casa de agua) y comunicativa (sobre todo en la segunda parte titulada “Vapor”) de quien enuncia. Virginia Woolf señalaba los mismos agravantes en Una habitación propia. ¿Asumes tu circunstancia de género a la hora de sentarte a escribir?
–No es que la asuma sino que ahí está y es ineludible. Esa incomunicabilidad radica en el hecho de que yo nunca voy a saber lo que es ser tú, y tú nunca vas a saber lo que siento yo. No me asumo feminista ni ninguna de esas cosas; pero escribo desde mí y me tocó ser mujer. Sí creo que hay una diferencia entre lo que crea una mujer y lo que crea un hombre. Tú saca tus deducciones.

–En Lluvia para siete insomnes puedo percibir un fuerte arraigo con la tradición dramática española, ¿con quiénes desearías que tu trabajo fuera vinculado?
–Sonando un poco vanidosa, con nadie. Pero sí hay referencias importantes a (Ramón del) Valle Inclán, partí del esperpento para crearla. De hecho el título original de la obra era “Este relajo de vida”, que tomé de una obra de Valle llamada Ligazón. También son obvios en lo que escribo Lorca, Aurora Reyes (porque la he leído mucho), Virginia Woolf. Casi todo lo que voy leyendo me influye, se me pega alguna frase o algo.

–En dicha obra teatral se mantiene el elemento agua como un obstáculo a la realización del proyecto de vida de los personajes, lo mismo que en “La piel anegada”. Sin pretender hacer parangón con Gastón Bachelard, ¿cómo concibes este líquido?
El agua para mí representa ambivalencia; esta condición irónica, paradójica del ser humano: es líquido vital pero también es obstáculo, peligro, muerte. Con el agua represento esta condición humana en la que eres pero no sabes qué, y estás pero no sabes cómo. Esta dualidad es la que me interesa.

–Lluvia para siete insomnes es una obra que presenta las múltiples discriminaciones de nuestra sociedad: de género, de edad, de clases sociales, homofobia, etc. ¿Cuál esperas que sea la reacción en el espectador o en el lector?
–Espero que se mantenga como hasta ahorita. Respeto mucho la opinión de los demás, así como espero que respeten la mía. La discriminación es de las cosas más evidentes de mi realidad cotidiana: eres mujer, joven, pobre, estudiante, siempre habrá algo por lo que puedan discriminarte. En la obra lo presento de manera ridícula porque así me parece que se ve en la realidad; sólo espero que quien la vea se de cuenta de ello.

–En la obra juega un papel preponderante la música, pues muchas canciones populares son integradas; pero también veo una estructura con base musical, en el canto coral. ¿Fue un intento consciente?
–Retomando que en el teatro confluyen todos los géneros y además todas las artes, en la obra hay todo un sentido musical. En las canciones populares se puede percibir con cierta facilidad la discriminación social, puesto que se nutren de ello. En la obra pretendo satirizarlo al poner las canciones populares en situaciones que no les corresponden; pretendo ser transgresora y romper con lo que estamos acostumbrados.
Por otro lado, la lluvia, el agua, es para mí una música, un ritmo, un fluir que va conduciendo la historia de cada personaje a una caída torrencial hacia el final de la obra que toma la forma de una plegaria común.

–Uno de los personajes de la obra, la lavandera tuerta, se encuentra a medio camino entre Tiresias y Chabela Vargas. Me parece que cumple una función similar a la del coro griego, en cuanto orienta –a la vez que parodia– la reacción del público ante lo que se muestra en escena. ¿Por qué utilizar un personaje que cumpla dichas funciones en una pieza teatral contemporánea?
–Para mí la lavandera tuerta es una especie de demiurgo contemporáneo corrompido, consecuencia lógica de que esté aquí ahora. Es el eje rector de la obra, donde no te das cuenta si ella sabe lo que pasará con los personajes porque lo profetiza o porque lo está creando. Juego con la idea de que es un dios, el que todo lo ve, por eso está en un nivel superior. Un dios que se burla de sus creaciones.

–¿Cuál es el camino que seguirás a partir de ahora?
–Estoy intentando armar otra obra de teatro que trata del empleo de las fuerza militares contra el crimen organizado. Aunque intento evadirme de las cosas que me rodean, las circunstancias sociales, y me desagrada lo panfletario, no puedo dejar de interesarme por ello. Me interesa por lo absurdo que parece. Además sigo escribiendo cuento y poesía.
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